Programa de Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación
(P.N.T.I.C.)
 

Unidad 17ª: Fecundidad y exigencias del método lúdico-ambital de análisis literario

Fecundidad y exigencias del método lúdico-ambital de análisis literario
En esta última Unidad del curso sobre Literatura, creatividad y formación ética debemos sobrevolar todo lo dicho para comprobar la fecundidad del método, destacar las exigencias que éste nos plantea, subrayar su capacidad de promover nuestra creatividad y adivinar algunas de las muchas aplicaciones prácticas que pueden hacerse de él.

1. El análisis literario y su poder formativo

En el momento actual, ninguna tarea más urgente que la de poner en forma métodos eficaces para instruir a jóvenes y adultos en las cuestiones básicas de la ética. Esta instrucción ha de realizarse de tal forma que los destinatarios de la misma se sientan respetados en su libertad y, al mismo tiempo, dotados de pautas de interpretación suficientes para estar orientados ante las diversas encrucijadas que encuentran en la vida. La formación verdadera consiste en disponer de poder de discernimiento, y éste sólo se alcanza si se conocen las leyes que rigen el desarrollo de la vida humana.

Actualmente, los jóvenes se resisten a aceptar doctrinas por razón de la autoridad de quien las transmite. Sólo se muestran dispuestos a asumir aquello que sean capaces de interiorizar y considerar como algo propio. De ahí su aversión a toda forma de enseñanza que proceda o parezca proceder de forma autoritaria, llegando a determinadas conclusiones a partir de ciertos principios inmutables.

Debido a ello, se viene proponiendo desde hace algún tiempo como método ideal para formar en cuestiones éticas la lectura penetrante de obras literarias de calidad1. A través de ellas no son los profesores de ética quienes nos adoctrinan sobre el sentido de la vida y sus acontecimientos básicos, sino diversos autores orlados de prestigio y bien afirmados en una experiencia intensamente vivida y sufrida.

La sugerencia es valiosa, pero apenas ha sobrepasado la condición de mero deseo. A lo que se me alcanza, no hay todavía una exposición sistemática de lo que ha de ser un método bien aquilatado de enseñanza de la ética a través de la lectura de grandes obras literarias. Por mi parte, he intentado colmar esta laguna en este curso y en varios libros; inspirados en la idea de que una obra literaria no es un objeto sino un ámbito de realidad, no narra hechos sino expresa acontecimientos; no muestra sólo el significado de las acciones, sugiere además su sentido; no describe objetos, nos hace asistir más bien a procesos de entreveramiento de ámbitos que dan lugar a otros ámbitos o los destruyen. Al conocer estos procesos, descubrimos las leyes del desarrollo humano.

2. La obra literaria como campo de juego y de iluminación

Una obra literaria no es un medio para comunicar el autor determinadas experiencias. Es el medio en el cual realiza él mismo tales experiencias. Cervantes había hecho la experiencia viva de lo que es el alma hispana en sus vertientes: la quijotesca y la sanchopancesca. El momento en el cual se encontró más vivamente con el espíritu hispano fue cuando se puso a escribir El Quijote. Esta obra no es posterior al encuentro cervantino con el núcleo de la forma española de sentir y vivir la vida; marca el momento culminante de tal encuentro. Cuando un autor escribe una obra, está entrando en juego con la realidad descrita en ella, que no se reduce a un conjunto de objetos, sino que es en todo rigor una trama de ámbitos, una historia viva. Al hacer juego con ésta, se le ilumina su sentido más hondo. La obra literaria es un campo de juego y de iluminación.

Consiguientemente, interpretar una obra no se reduce a verla desde fuera y hacerse cargo de lo que en ella acontece. Significa entrar en juego con ella, rehaciendo personalmente sus experiencias clave. En la base de toda obra de calidad se hallan una o varias experiencias que impulsan la acción y le dan sentido. Al vivirlas por propia cuenta el lector, se iluminan en su interior las intuiciones fundamentales que impulsaron la génesis de la obra. A esta luz puede muy bien realizar una lectura genética de la misma, leerla como si la volviera a gestar, y comprender así todos sus pormenores, hasta el vocablo más aparentemente anodino2.

Esta lectura genética nos permite realizar las tres tareas básicas del buen intérprete:

1) hacerse cargo de lo que dice el autor, 2) descubrir por qué lo dice, 3) advertir qué es lo que no dice y debiera haberlo dicho si fuera coherente con su punto de partida.

1 Véase, por ejemplo, J. Luis López Aranguren: Ética, Revista de Occidente, Madrid 1965, 3ª ed., págs. 413-414.

2 Puede verse en mi Estética de la creatividad (Rialp, Madrid 1999, 3ª ed., págs. 384-464) el análisis pormenorizado que realizo de la obra de J.P. Sartre La náusea. Hasta el adjetivo más caprichoso en apariencia queda coherentemente inserto en el contexto, sin necesidad de explicarlo como una "licencia literaria".


Internet


Internet
Netscape Communicator - Resolución 800x600 - Fuentes grandes

Última modificación: