la muerte
metáforas, mitologías, símbolos

GABRIEL ALBIAC
Sección II del libro La muerte. Metáforas, mitologías, símbolos; Barcelona, Paidós, 1996.
(Fichero comprimido de Microsoft Word)

4. Ciudades sumergidas:

«Yo he errado oscuro por ciudades que odio»83. Al cabo, retorno siempre a la ciudad que roe el moho. Al cabo, la herrumbre nunca duerme,«rust never sleeps»84, la herrumbre es mi mirada que nada reconoce aquí salvo su anhelo. «Soy los que ya no son»85: los muertos. Y la musgosa visión, como de ahogado, de una ciudad inundada en lluvia, que leí hace ya mucho en Edgar Allan Poe:

«¡Mirad! La muerte se ha alzado a sí misma un trono

En una extraña ciudad que yace sola

En lo más hondo del oscuro Oeste;

Donde los buenos y los malos, los peores y los mejores

Marcharon al reposo eterno.

Allí, capillas y palacios y torres

(Roídas por el tiempo, las torres, mas no tiemblan)

En nada se parecen a las nuestras.

Alrededor, del soplo del viento olvidadas,

Con resignación yacen bajo los cielos

Las melancólicas aguas...

Y tanto se confunden las sombras y las torres

Que Todo parece bambolearse en el aire,

Mientras que, desde una arrogante torre de la ciudad

Deja caer su mirada la muerte en gigantesca

[perspectiva»86.

Death looks gigantically down, escribe Poe. ¿Qué ve la muerte que no sea lo puesto por mis ojos? Ojos siempre más viejos, en cuya opacidad la muerte teje su propia tiniebla. Amigos que ya no están: nada nuevo. Y la certeza de que nada en su recuerdo es ya sino recuerdo de un olvido87. También en mí va la muerte. Nada la exorciza. Ni siquiera la mentida evocación del otro. «No te habrá de salvar lo que dejaron / escrito aquellos que tu miedo implora»88. No eres los otros. Ni siquiera esos otros ya perdidos a los que llamas yo. Solo. Nada. Y tu ciudad sumergida aguarda que le des su nombre: infierno.

«Las olas van tomando ahora un resplandor más rojo,

Respiran las horas sorda y levemente

Y, cuando entre gemidos que no son de este mundo,

En lo hondo, en lo hondo, la ciudad se aposente, El Infierno, alzándose sobre mil tronos,

Le rendirá homenaje»89.

Ocres, anaranjadas, amarillas..., las hojas resbaladizas sobre el barro del parque. Ciudad sumergida bajo un cielo de estaño, denso. Nada sirve que los hombres la soñaran paraíso. Esta ciudad, que los hombres habitan, galería de espejos de azogue ya escamoso, sólo puede transitar el estigma de ellos, darle un mapa y una cifra. Qui veut faire l'ange fait la bête, se lamentó Pascal. Y Ezra Pound, al final de sus desmesurados Cantos, que soñaron reescribir a Homero y, en él, todo el destino de los hombres, viajeros de naves cóncavas:

«He intentado escribir el Paraíso

No os mováis

Dejad hablar al viento

ése es el Paraíso

Que los dioses perdonen

lo que hice

Que aquellos que amo traten de perdonar

lo que hice»90.

«Lo que hice».  Un poema. «Un poema. Un poema en tanto que objeto... Inmovilidad perfecta»91. Lasciate ogni speranza... Inferno.

83 BORGES, J.L.: «El espía», loc. cit.

84 YOUNG, N.: «My, my, hey, hey».

85 BORGES, J.L.: «All ours yesterdays».

86 «The City in the Sea», en The Complete Illustrated Stories and Poems of Edgar Allan Poe; Chancellor Press, Londres, 1988.

87 Cfr. CERNUDA, L.: Donde habite el olvido

88 BORGES, J. L.: «No eres los otros», loc. cit.

89 POE, E. A.: «The city in the Sea», loc. cit.

90Cantos, CXX; ed. cit.

91 ZUKOFSK

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