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Todo
lo dicho hasta ahora se refiere a las tierras de Europa y a
las regiones no tropicales de Asia; no hay duda de que con ayuda
del fuego habrían sido más fácilmente pobladas.
Pero además del factor climático está el
alimenticio. ¿Era en la Prehistoria tan importante el fuego
a la hora de comer como lo es ahora? Desde luego que no, si
se trata de consumir productos animales y frutos vegetales,
que perfectamente se pueden comer crudos. Sin embargo, hay un
tipo de alimento para el que el fuego es necesario, y que además
podría había cambiado el curso de la evolución
humana. Por eso resulta tan importante averiguar cuándo
se demesticó el fuego. El alimento en cuestión
son los tubérculos, una fuente de proteínas y
carbohidratos muy sustanciosa y sin embargo de acceso muy complicado
para los animales. Un humano con un palo de cavar puede, en
cambio, llegar fácilmente hasta ellos.
Un ejemplo
moderno nos lo ofrecen los últimos cazadores y recolectores
africanos, los Hadza de Tanzania y los bosquimanos de lengua
!Kung de Botswana, por ejemplo. Todos ellos consumen tubérculos
en grandes cantidades, hasta el punto de que este recurso puede
llegar a ser la base de su alimentación, una fuente mucho
más regular de alimento que la siempre imprevisible caza.
Si los primeros humanos hubieran sabido aprovechar esta despensa
subterránea, el papel de la caza en la evolución
humana pasaría a un segundo lugar, por lo menos en lo
que se refiere a África, donde empezó todo. A
lo que hay que añadir que, puesto que las mujeres pueden
cavar con la misma eficacia que los hombres en busca de tubérculos,
el papel masculino en la paleoeconomía también
perdería importancia (de hecho son las mujeres las que
recolectan en esos pueblos africanos, y los hombres los que
cazan).
Los tubérculos
tienen, sin embargo, el grave problema de que son frecuentemente
tóxicos y es necesario tostarlos para hacerlos comestibles.
También
se pueden cocer en agua con el mismo propósito (y para
ablandarlos), pero esto sólo se realiza con eficacia
desde que, muy recientemente, en el Neolítico, se inventó
la cerámica. Aunque quizás antes se utilizasen
piedras calentadas en la hoguera para llevar a ebullición
el agua contenida en recipientes de madera o de piel de los
que no nos han quedado testimonios, la eficacia del procedimiento
siempre sería mucho menor que la de la vasija puesta
al fuego. Sin llama pues no hay "economía del tubérculo"
que valga, por lo que el fuego tiene que ser tan antiguo como
la alimentación a base de estos órganos de almacenamiento
subterráneo.
Pues bien,
hay un equipo científico, el de Ralph M. Rowlett, que
cree haber descubierto trazas de fuego controlado en las orillas
del lago Turkana, en Kenia. Estos presuntos hogares tienen poco
más de un millón y medio de años. El problema
es que son tan viejos que los carbones no se han conservado
y hay que deducir la existencia de antiguos fuegos por la alteración
del sedimento que se observa en determinados puntos muy localizados.
Una evidencia demasiado circunstancial para muchos autores.
Pero aún
hay más. El presunto autor de estos fuegos africanos
sería el Homo ergaster, la primera especie de homínido
de una estatura similar a la nuestra. Todos los homínidos
anteriores -los australopitecos, losparántropos y el
Homo habilis- eran pequeños, de hecho poco más
altos que un chimpancé puesto de pie. Pero además
de ser bajitos, los primeros homínidos tenían
una gran diferencia entre los dos sexos (un gran dimorfismo
sexual). Con el Homo ergaster crecieron mucho los machos, pero
más lo hicieron las hembras, reduciéndose las
diferencias entre los sexos (en realidad el grado de dimorfismo
sexual humano no puede establecerse con seguridad hasta la población
de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, dónde ha resultado
ser similar al nuestro; esta población tiene 300.000
años, pero es posible que el dimorfismo sexual fuera
de un grado similar en el Homo ergaster). ¿Tendría algo
que ver con la reducción del dimorfismo sexual el nuevo
papel que adquirieron las hembras como principales, o al menos,
muy importantes suministradoras de las calorías del grupo?
No hayuna respuesta definitiva a estas preguntas, porque todavía
no está demostrada la existencia de hogares en la época
del Homo ergaster, pero cualquier día puede producirse
un descubrimiento inesperado. ¿Lo veremos?
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