Estrellas
del pasado (a modo de presentación)
Cuenta
Arthur C. Clark al principio de su conocida novela "2001.
Una odisea espacial", que por cada uno de nosotros, los
humanos vivientes, ha existido una infinidad de antepasados
en las numerosas generaciones que se han sucedido desde que
el primer mono se puso de pie. Haciendo cálculos resulta,
sorprendentemente, que el número de esos fantasmas
del pasado es igual al de la pléyade de estrellas que
componen nuestra Galaxia. De donde se sigue que por cada uno
de los seres humanos que alguna vez han existido, luce una
estrella en la noche: ese es su monumento, y no lo hay más
hermoso.
Es larga en efecto la cadena de la vida que nos conecta con
el pasado. Si cualquiera de nosotros alineara a su padre,
a su abuelo, a su bisabuelo, a su tatarabuelo, etc, hasta
su antepasado de la época de las pinturas de Altamira,
la fila tendría unas 560 personas. Y eso que la antigüedad
de las pinturas de Altamira no pasa de unos 14.000 años.
La cadena que nos une con el primer homínido que vivió
hace 5 o 6 millones de años es muchísimo más
larga. Muchos son pues sus eslabones, o, en la bella metáfora
de Arthur C. Clark, muchas son las luminarias del firmamento.
Mas por desgracia nuestro registro fósil es aún
muy pobre: sólo disponemos de unas pocas estrellas
del pasado para explorar la inmensidad de la galaxia de la
Prehistoria.
Y sin embargo, puedo considerarme uno de los más afortunados
buscadores de estas estrellas fósiles, porque he tenido
el privilegio de descubrir muchas de ellas en los excepcionales
yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Gracias a éstos
y a otros hallazgos nos ha sido posible viajar al pasado.Y
podemos dar al mundo una extraordinaria noticia: hemos conocido
a nuestros antepasados, y nos han contado una historia maravillosa.
En los próximos meses procuraré hacer llegar
hasta la pantalla de tu ordenador algunos de los descubrimientos
que se están produciendo en Paleontología Humana:
mi especialidad científica, pero por encima de todo
mi gran pasión, y espero que a partir de ahora también
la tuya.
Juan
Luis Arsuaga