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IV.
REFLEXIONES
ÉTICAS
Como
conclusión final de su trabajo, Venter y colaboradores
indican que su investigación representa la etapa
inicial de la posible construcción artificial de
una célula con un genoma mínimo esencial
capaz de desarrollarse en condiciones de laboratorio. Para
poder identificar el juego mínimo de genes esenciales
apuntan la posibilidad de construir y ensayar un cromosoma
artificial tipo "casette" construido con los
supuestos genes. No obstante, dicen los autores que dicho
experimento no se hará sin una deliberación
ética previa. Ante este requerimiento, en el mismo
número de la revista Science se publica un
artículo (Cho et al., 1999) que discute los
aspectos éticos y religiosos de la cuestión.
Antes
de entrar en otro tipo de reflexiones, es importante dejar
bien claro con objetividad científica que la construcción
artificial ("creación") de una célula
bacteriana no es, por el momento, más que una muy
remota posibilidad que requiere un largo camino por recorrer.
Lo que ahora han hecho Venter y colaboradores ha sido dar
un primer paso consistente en tratar de conocer ese genoma
mínimo que capacita a una célula bacteriana
a vivir y reproducirse. Sin embargo, ese genoma mínimo
tiene que expresarse en un ambiente celular y estar en
interacción con otros componentes celulares (proteínas,
lípidos, azúcares, etc.) necesarios para
llevar a cabo el metabolismo y replicación de la
célula. Es evidente que si no están presentes
los elementos moleculares que intervienen en los procesos
de transcripción (paso de la información
genética contenida en forma de ADN a otra forma
de ARN mensajero) y de traducción (síntesis
de la proteína en la que la secuencia de aminoácidos
viene determinada por la secuencia de bases del ARN mensajero
leído), la información genética contenida
en el genoma mínimo quedará latente y el
intento de "jugar a Dios" fracasará.
Simplificando
mucho la cuestión, podría decirse que para
ser "creadores" de una nueva forma de vida habría
que sintetizar artificialmente una especie de membrana
celular (lo cual es posible) e introducir en ella, junto
con el genoma mínimo construido también artificialmente,
los elementos moleculares necesarios para que se exprese.
En este contexto es importante recordar que para que se
sinteticen las proteínas codificadas por el ADN
es necesario a su vez el concurso de ciertas enzimas y
otras proteínas; es decir, que se reproduce el círculo
vicioso de qué es antes si el huevo o la gallina,
el ADN o las proteínas.
A
pesar de las enormes dificultades técnicas que implicaría
el proyecto de "jugar a Dios", no debemos olvidar
que la experiencia parece demostrar –pensemos, por ejemplo,
en el caso de la clonación– que para la Ciencia
todo es posible; en palabras del premio Nobel Severo Ochoa,
"la Ciencia es imparable". Esta frase tiene dos
lecturas: la primera, constatar que el progreso científico
es continuo, lo cual nos llena a todos de orgullo; la segunda
lectura tiene un sentido peyorativo porque podría
ser interpretada como que el científico no está
dispuesto a parar. Y aquí entraríamos ya
en el terreno ético de que no todo lo que es técnicamente
posible puede ser éticamente deseable.
Desde
hace unos años, en los que la Bioética ha
tomado carta de naturaleza en la sociedad y en la comunidad
científica, el debate bioético se produce
a la par, o incluso antes, que el hecho científico.
Pensemos, por ejemplo, en los debates sobre las moléculas
de ADN recombinante, el Proyecto Genoma Humano o la clonación.
Por ello, no estaría de más que, a la vista
de que la Genómica de hoy pueda llevarnos a la posibilidad,
aunque sea muy remota, de "jugar a Dios" en el
futuro, se abriera un foro de debate sobre la cuestión.
Como
señalan Cho y colaboradores (1999), un proyecto
de crear un nuevo organismo con un genoma mínimo
implica la realización de un gran número
de líneas de investigación que, estableciendo
hitos diferentes, deberán converger en una meta
común. Es lógico pensar que algunas líneas
de investigación tengan un valor científico
puramente básico, mientras que otras sean de tipo
aplicado, y que las implicaciones éticas, sociales
y económicas sean distintas.
Al
plantearse el problema ético de la libertad de investigación
hay que valorar, como si de una contabilidad se tratara,
los beneficios y los costos; es decir, los pros y los contras
pero, a diferencia de una contabilidad comercial, no solamente
de hacer tal investigación sino también de
no hacerla. Se puede pecar por acción o por omisión.
¿Qué
repercusiones positivas podría tener el proyecto?
Desde el punto de vista de la investigación básica
puede suponer una aportación muy importante al conocimiento
del origen de la vida, de la evolución bacteriana
y del control del metabolismo celular. Desde el punto de
vista de la ciencia aplicada, el proyecto podría
implicar un progreso en la biotecnología microbiana
al tratar de diseñar bacterias con fines específicos
y gastos mínimos de energía. Como posibles
problemas habría que contemplar las implicaciones
ambientales y la posibilidad no deseable, pero posible,
de que la ingeniería bacteriana se utilizara como
arma biológica.
El
reduccionismo es uno de los problemas éticos y filosóficos
que plantea el proyecto de "jugar a Dios". En
la controversia científica actual sobre el concepto
de vida, muchos biólogos la definen en términos
de propiedades metabólicas, de la capacidad de respuesta
al ambiente o de la capacidad de replicarse. Como señalan
Cho y colaboradores (1999), quienes consideran que la propiedad
de replicación es la característica clave
de la vida piensan que los genes constituyen tanto el origen
como la naturaleza de la vida; es decir, los genes son
los que hacen que vivan los seres vivos. La Genómica
en sí supone un reduccionismo máximo de la
Biología al tratar a los organismos vivos desde
la disección molecular de su genoma. El propio Dr.
Venter decía: "...estamos cuestionándonos
si es ético crear vida de forma sintética
... creemos que esta discusión bien vale la pena
... porque llega a la definición de lo que es vida".
Como se mencionaba antes, en términos genómicos
la vida se identificaría con el genoma mínimo
o juego esencial de genes.
Una
de las singularidades de la especie humana que la diferencia
de cualquier otra especie animal es la de ser sujeto
ético (the ethical animal de Waddington);
es decir, estar genéticamente capacitado para hacer
juicios de valor, distinguir el bien del mal, y obrar libremente
optando por uno u otro. Esa capacidad genética es
producto de la evolución. El libro del Génesis
relata la prohibición divina: "...mas del árbol
de la ciencia del bien y del mal no comerás"
(Gn 2,16) y por eso la serpiente tentó a Eva diciéndole
"... se os abrirán los ojos y seréis
como dioses, conocedores del bien y del mal" (Gn 3,5).
Por eso en una ocasión anterior me planteaba la
cuestión de si el pecado original no podría
interpretarse en términos de la capacidad exclusiva
del ser humano, como especie biológica, de elegir
conscientemente el mal (Lacadena, 1981). En relación
con el proyecto de crear vida, los científicos deberán
ejercitar su condición de sujetos éticos
y obrar en consecuencia.
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