LA MATANZA DEL CERDO.


Aunque la tradición manda que la matanza de realice el día de San Martín esta se realizaba durante todo el invierno.
La matanza era como una fiesta, y se hacía en todas las casas, ya que del cerdo se sacaba gran parte del alimento del hogar para todo el año, y por lo tanto, la muerte prematura del cerdo era la ruina para la casa y  se lloraba como la peor de las desgracias. Algunas veces un mismo matarife podía matar doce o más cerdos en un día.

Después de haber matado el cerdo; se le echaba agua hirviendo y se le quitaba el pelo con unas cazoletas. Se colgaba y se le sacaban las visceras, después las mujeres lavaban las tripas y preparaban , la sangre, el pan, la cebolla, el arroz y las especias para hacer las morcillas. Después se cocían en unos calderos enormes de cobre, que se colocaban sobre la lumbre y se les daba vueltas con una cuchara de madera. Las morcillas cocidas se sacaban con una espumadera.

El caldo de las morcillas, que era muy bueno, se repartía a los familiares , vecinos y amigos como un regalo.

Del cerdo se aprovechaba todo para hacer: morcillas, fardeles, butifarras, chorizos, jamones.... El sabroso (espinazo) y el resto de los huesos se echaban en ajos, y con él se hacían unos cocidos exquisitos; en el cual no podía faltar la bola hecha con huevos, pan, perejil y trocitos de tocino.

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